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martes, 8 de noviembre de 2016

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 PLENILUNIO DE LIBRA - LA MEDITACIÓN 
Por: Com. “Arco Iris”

La meditación es un estado de reencuentro con nuestro propio ser. A través de ella intentamos volver a encontrar algo que un día hemos sido inconscientemente y que hemos perdido en un momento olvidado para nosotros en el camino de la vida. Es como entrar en un lugar familiar, en nuestra propia casa para realizar en ella nuestra total humanidad.

No se trata de realizar un esfuerzo por conseguir algo, sino de esperar simplemente, observar como espectador todo lo que sucede en nuestro espíritu, pues sin conocerlo, ¿Cómo podríamos colaborar con él? Las dos características más comunes atribuidas a los místicos de todos los tiempos han sido la serenidad y armonía en las relaciones con los demás, la paz y la alegría que llenan sus vidas, y también la eficiencia de sus acciones.

Una de las bases de esta eficiencia es aprender a hacer una sola cosa a un tiempo, sin ser distraído por otra, y la segunda sería el despertar de la intuición. Un conocimiento intuitivo, más allá del saber intelectual, que puede enfrentarnos con la cara oculta de la realidad, pudiendo así alcanzar una visión diferente del mundo.

Toda nuestra vida es continua dispersión de energías; energías mentales, físicas, emocionales… y la meditación va a permitir que se desarrolle un centro (dentro de nosotros), un lugar donde la energía es mantenida y acrecentada, evitando su dispersión.

Meditar no es cambiar de religión, no supone un cambio de forma en nuestra vida cotidiana.

Meditar es dar un descanso al cuerpo mental, como en el sueño profundo, pero manteniendo, esta vez, nuestra conciencia lucida y alerta.

La meditación es una aventura sin caminos trazados de encuentro con nosotros mismos. Vivimos en la oscuridad, en el exterior y ha llegado el momento de volver a encontrar nuestra propia naturaleza, de mirar hacia dentro de nosotros. Siempre viviendo en la circunferencia y nunca en el centro de nosotros mismos. Hemos de encontrar un centro de observación permanente del eterno cambio que es la vida y su impermanencia. Así la anarquía interior, la superficialidad, no se convierte en una presencia en cada instante. El pasado y el futuro dejan de existir cuando hay un CENTRO, y el presente manifiesta toda su intensidad.

Así la meditación es sinónimo de alerta, de atención, es volverse un observador imparcial de todo lo que sucede en nosotros, un espejo que refleja cada situación, la consideremos positiva o negativa, sin quedar ensuciado por ella. Y la primera cosa a observar son las emociones negativas: cólera, ambición, envidia, miedo, egoísmo…

Meditar es aprender a ser simplemente tu mismo, tu misma (sin pensar). No quieras ser un Cristo, un Buda…, nadie puede conseguirlo, y además no hay ninguna necesidad de serlo. Se tu mismo (se tu misma), la existencia te quiere original, no en papel de copia.

Meditar no es alcanzar alguna cosa, ir a alguna parte a través de algún camino más o menos pedregoso. No es imitar a este o aquel maestro, a esta o aquella enseñanza. Es volvernos lo que somos, reconocernos, vernos; olvidarnos de todos los saberes que a través de los años hemos acumulado en la búsqueda interior y encontrar el camino que un día perdimos, el que nos lleva al redescubrimiento de nuestro centro original.

La meditación es el estado de silencio mental, es el Yoga: La Unión de ti mismo, de ti misma. Cuando la mente queda en silencio el presente se manifiesta en toda su grandeza y en toda su humildad, y la REALIDAD explota en nosotros.

Así nace la alegría, la sensibilidad, la creatividad, en nosotros a través de la meditación, que no es algo serio sino al contrario, la fuente de toda celebración. Nos vuelve como niños otra vez. Y Ser como niños es ser religiosos, ser libres más allá de todo dogma y condicionamiento. Es permitir que la verdad se revele en nosotros.
Nosotros solos, despiertos, conscientes y totales. Esto es Meditación.

La Gran Invocación. “Desde el punto de Luz en la mente de Dios. Que afluya luz a las mentes de la Humanidad. Que la Luz descienda a la Tierra. Desde el punto de Amor en el corazón de Dios, que afluya amor a los corazones de la Humanidad, que Cristo retorne a la Tierra. Desde el Centro donde la voluntad de Dios es conocida. Que el Propósito guie a las pequeñas voluntades de la Humanidad. El propósito que los Maestros conocen y sirven. Desde el Centro que llamamos la Raza Humana, que se realice el Plan de Amor y de Luz. Y selle la puerta donde se halla el mal. Que la Luz, el Amor y el Poder, restablezcan el Plan en la Tierra” Que así sea y que todos cumplamos nuestra parte.

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