La verdad no es una fórmula mágica; tampoco es
misteriosa, ni mística. Es lo que nosotros somos, lo que experimentamos. Por
consiguiente, seriamos necios si buscáramos la verdad fuera de nosotros. En
esta vida nunca llegaremos a aprehender la verdad total, porque si pudiéramos hacerlo, ya no necesitaríamos de nuestro cuerpo físico : habríamos hallado
la perfección.
La verdad es aquello que el universo es, la verdad absoluta; lo infinito. Nosotros aun somos finitos. Solo cuando alcancemos la plena comprensión de la totalidad del universo no manifestado conoceremos la verdad total. Pero ahora, en este momento, podemos saber qué es la verdad para nosotros reconociendo que cada experiencia de nuestra vida, independientemente del nivel en que se sitúa, es la verdad.
Es una verdad móvil, que cambia cada fracción, de cada
segundo de nuestra vida, porque nosotros experimentamos la vida en fracciones…
Siempre que acrecentamos nuestras experiencias, nuestra
verdad se expande y podemos afirmar que crecemos porque el proceso de
crecimiento mismo es parte de la verdad. Por lo tanto, el conocimiento de la
verdad solo significa tener conciencia de nuestro propio desarrollo.
J.S
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