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miércoles, 22 de junio de 2011

El temor parte II


El hombre es arrastrado por el deseo egoísta y la ambición, en forma general. Es torturado por el temor -el propio temor, temor por la familia, los temores nacionales y raciales; es dominado por el sexo y el dinero, otra manifestación de la energía de la materia, de allí el triple problema, y está bien equipado para resolverlo mediante su triple vehículo y las triples potencias de su Alma Divina.
Terminaré esta instrucción hoy con la frase: está bien equipado para resolverlo, podemos vencer la inercia mental y empezar a actuar como almas, dominando nuestro medio ambiente. El Alma es omnisciente y omnipotente. El temor es una de las manifestaciones más comunes de la energía astral, y se la enumera primero porque constituye, para la mayoría, EL MORADOR EN EL UMBRAL y, en último análisis, el mal astral básico. Todo ser humano conoce el temor; el alcance de las vibraciones del temor abarca desde los temores instintivos del hombre salvaje, basados en su ignorancia de las leyes y fuerzas de la naturaleza, y en su terror a la oscuridad y a lo desconocido, hasta los temores, tan prevalecientes hoy de perder a los seres queridos, los amigos, la salud, la riqueza, el dinero, la popularidad, enfrentar la vida y hacer lo que le corresponde a ella, y así sucesivamente hasta los últimos temores del aspirante- temor al fracaso, temor arraigado en la duda, o al último rechazo o aniquilamiento, temor a la muerte ( que comparte igualmente con toda la humanidad), temor a la gran ilusión del plano astral, a la fantasmagoría de la vida misma y además temor a la soledad en el sendero y en la vida, hasta temer al temor mismo. Esta lista podría extenderse, pero es suficiente para indicar la prevalencia de toda índole de temores. Dominan la mayoría de las situaciones y oscurecen muchos momentos felices. Reducen al hombre a un tímido y atemorizado átomo de vida sensoria, atemorizado ante los enormes problemas de la existencia, consciente de su insuficiencia como hombre para resolver todas las situaciones, e incapaz de abandonar sus temores y dudas y heredar la libertad y la vida. A menudo está tan embargado por el temor, que hasta teme perder la razón. Nunca podrá ser suficientemente descrito este panorama sombrío, porque el temor es la energía astral que predomina en la actualidad, y la sensible humanidad sucumbe demasiado fácilmente a el.

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